Me atardezco en la soledad de una sombra pizpireta
Me revuelco en el barro de los besos que se van de viaje hasta mañana
Y un centello naranja sin permiso me atraviesa entera y me seduce
Me deja abandonada en la despedida del sol que aún agoniza
Acaso nadie me ve oscureciéndome en aquel sitio oculto y sigiloso
Es el espacio que construí antes que muera el día fusilado por una estrella
Y comienzo a temblar de miedo por si nunca más amanece
Y quedo en la penumbra de mis incertidumbres que se abalanzan sobre mi conciencia.
Pero todo fluye en el cosmos ondulándome
Y unos ojos me invitan a mirar desde otro lado
Entonces soy calma y energía
Y el cielo baila un tango luminoso sólo para mí.

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