
Lloró mucho y todo junto, tanto que dejo en el piso una capa de espuma gomosa color grisácea, peligrosamente resbaladiza.
Su angustia se expandió aquella noche fría por cada callejón de la ciudad, y la encontró adormecida al alba, con los labios secos, hinchados, y los ojos hundidos en dos diametrales ojeras moradas.
Pudo ver que todo a su alrededor transpiraba fatiga y tristeza, y que sus lágrimas se habían cristalizado formando una fina seda que desde ese día se enroscó en el cuello, como marca del dolor.

Yo no se porq no entiendo tal sentimiento de trizteza.
ResponderEliminarQuiza porq yo siempre lo transformo en vacio.
En fin los bueno es que las lagrimas se logran ver y se expresaron.
Llorar nunca hace mal.
Que raro es ser alcanzado por la tristeza ajena, de pronto uno siente como si todo se destiñera, se volviera acromatico... entonces uno es el callejon, la ciudad, tal vez el lugar donde esa noche esa persona reposo su cabeza al dormir, uno esta acostumbrado a observar la tristeza ajena y sin una pizca de emotividad admirar la capacidad de desahogarse, de abrir valvulas a tiempo...
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