Entró desnuda a la estación, dando saltos apurados. La corría la policía desde la plaza, dónde se había despojado de la ropa y de la vergüenza.
Un muchacho la miró con pena, y quiso gentilmente darle su abrigo, era una mañana un poco fría para toda esa desnudez.
La muchacha se deshacía en una piel blanquísima, y tenía unos ojos castaños tiernamente desquiciados.
Ante la mirada atónica de la gente, sintió pudor, y se tapó con unas manos temblorosas sus partes íntimas.
Sus ojos luminosos, se cristalizaron hasta perderse en el infinito, más de un espectador se sintió estremecer de angustia, la pobre muchacha desnuda, comenzaba a llorar.
El muchacho del abrigo, se acercó y le preguntó si estaba bien, el cielo se empezaba a oscurecer y las nubes tornaban a un hermoso color violeta. Ella respondió con la cabeza, y le dijo que si, mientras miraba al cielo asombrada.
Volvió a insistir el muchacho con su sincera gentileza, y sacó de su bolsillo algunas monedas y dos billetes. La muchacha le dijo que no, en un silencioso gesto. De pronto, toda la tristeza que se perpetuaba en su rostro desapareció en la más dulce sonrisa, la escena del cielo violáceo la había llenado de vida.
Para ese entonces, la perfecta inmovilidad, el tiempo sin tiempo, las almas flotando, el aire volando, se quebraron en el grito de la policía que pedía detengan a la loca desnuda.
La muchacha esperó el encuentro inevitable, y se rió de su suerte.
Mientras la subían al móvil, le gritó al muchacho gentil: “Que utopía es la libertad, y sin embargo no dejo de soñarla”

"Tiernamente desquiciados"
ResponderEliminarNota: Tan asi estamos concebidos, que no solo la imagine desnuda mientras leia, sino que la imagine hermosa.
Que poco poetico seria que al correr, sus senos golpearan, contra su barbilla, pinchandose con una de esas horrendas barbas femeninas, de escasisimos pelos y sin embargo inaceptables, y se ocultaba su sexo, bajo un matorral de bello pubico, y un tendal de grasa mal administrada.
Y no debiera ser asi, porque lo que uno busca trasmitir, intuyo, es libertad, pero no se puede dar ese mensaje, y que la gente lo tome como propio, sin rodearlo de belleza.
Ay, que animal el hombre... busca las causas mas nobles, pero se conmueve con lo mas banal.
"Dejame ahi, esclavo en tu cama, que es donde soy libre"
Perdon, no pude evitar meterme adentro de uno de tus personajes. Sepa disculpar la torpe intromision.
ResponderEliminar"Pasó desnuda, rapaz, a mi lado. Chocó su desnudez contra las paredes vestidas de cemento, las calles abrigadas en asfalto, y los colectivos con sobretodo de lata. La seguía la policía, la seguía un murmullo de miradas, reprobatorias, excitadas.
Pasó a mi lado y quise decir "Te amo", pero solo atine a proponerle mi abrigo. No porque me molestara su desnudez, sino porque no parecía digna de exhibirse ante esos ojos inescrupulosos.
Comenzó a llorar, y yo, que no la conocía, yo, que no tenia corazón, sentí desgarrarse algo adentro mío. Sentí que el mundo había perdido, por ultima vez y para siempre, la inocencia. Me acerqué. Ahora si a ofrecer mi abrigo sinceramente, ya no cabían “te amos” en esta escena. Creo que pregunte si estaba bien, o puse cara de preguntarlo.
Quise ofrecerle mi casa, o mi abrazo, para refugiarla. Pero otra vez, tan acostumbrado estoy al mundo, equivoque el gesto, y saque plata de mi bolsillo. Plata!! monedas!! Ay, ¿cuando fue que deje de ver la poesía de las cosas?
Dejó dibujarse en el rostro una sonrisa, una sonrisa donde cabían todas las sonrisas.
Era mas blanca su desnudez entre los trajes azules.
Me gritó desde el móvil policial algo que no logré escuchar.
Quizás, de haber oído esas palabras, algo hubiese cambiado en mi vida. Tal vez solo decía adiós, o gracias.
Me volví a poner mi abrigo gris, cerré y abrí los ojos, para convencerme que estaba de nuevo en la realidad, y regrese a la oficina.
Si no hubiese tenido rejas mi ventana, me hubiera suicidado esa tarde.
Pero uno esta tan acostumbrado a la vida."